Admitir que hemos tomado una mala decisión, puede ser doloroso. Tal vez contrastaste a la persona equivocada, o tomaste un trabajo que no era una buena opción al final, o lanzaste una nueva línea de productos que nadie parece querer.

Es la naturaleza humana, ser optimista y asumir que el éxito está a la vuelta de la esquina. Eventualmente, como la evidencia siempre lo demuestra, comenzarás a dudar de tu idea.

Esto es lo que debe hacer cuando empiezas a darte cuenta de que has tomado una mala decisión:

Reconocer que necesitas actuar con rapidez.

Los seres humanos somos altamente susceptibles al tema de las pérdidas, esto hace que se nos haga difícil terminar algo en lo que ya hemos invertido tiempo, dinero o esfuerzo. Es por eso que muchas personas permanecen en relaciones infelices (pero hemos estado juntos durante cinco años) o por ejemplo la compra de una acción (lo compré a 40 dólares por acción y estoy esperando que vuelva a eso) incluso cuando las perspectivas no sean muy alentadoras.

De manera similar, es posible que hayas gastado una gran cantidad de capital político abogando por una expansión geográfica, por lo que sientes que está bien seguir luchando por ella hasta que resulte exitosa.

Pero si racionalmente, nunca va a tener éxito, o tomará décadas para pagarse y no dispones de ese tiempo, es mucho mejor para tu carrera aceptar la pérdida ahora, en lugar de seguir arrastrando eso y desperdiciar aún más recursos.

Identifique el remedio.

A veces una mala decisión no es fatal.

Puedes haber contratado a la persona equivocada para el trabajo, pero si ella tiene la actitud correcta,  puede estar abierta a formarse para conseguir las habilidades correctas. Por otro lado, algunos problemas requieren una acción drástica y decisiva.

Si odias rotundamente tu nuevo trabajo después de un mes, renuncia tan pronto como sea posible, de manera de que la compañía pueda hacer una oferta a una persona cualificada que entrevistaron durante tu proceso de reclutamiento. Es esencial tener una visión clara de cómo remediar la mala decisión.

Extraiga la lección.

¿Podría el problema haberse previsto?

A veces estamos a ciegas (es una realidad) – firmaste un contrato de arrendamiento justo antes de un desastre natural, o la estrategia de la empresa cambió dramáticamente después de que aceptaste un nuevo trabajo. Pero también hay un montón de malas decisiones que, si somos honestos, pudiéramos haber evitado.

Quizás no examinaste al nuevo candidato de trabajo con suficiente cuidado, y confiaste en su instinto en vez de examinar a fondo a sus supervisores pasados y colegas. Tal vez pasaste por alto signos de crecientes problemas económicos y te lanzaste con la nueva línea, a pesar de saber que las marcas de lujo a menudo luchan durante una recesión.

O tal vez no escuchaste a tu esposa acerca de la reubicación y ahora esto se ha convertido en una crisis total.

Tomar una mala decisión es doloroso, pero al menos parcialmente puedes redimirlo aprendiendo de la experiencia.

Tómate el tiempo para entender dónde te equivocaste. ¿Estabas demasiado descuidado? ¿Escuchaste fuentes poco fiables? ¿Has sido demasiado optimista?

Entender tus fallas en la toma de decisiones y formular un plan para superarlas puede ayudarte a ser más inteligente la próxima vez.

Compartir el conocimiento.

Es mucho más fácil barrer las malas decisiones bajo la alfombra y fingir que nunca sucedieron.

Pero hay un poder en asumir la responsabilidad. Cuando Jared Kleinert lanzó un curso en línea – para el cual prometió a sus socios $ 11.000 adelantado y vendió cero copias, eso fue un fracaso rotundo.

Pero cuando escribió públicamente sobre su experiencia, describiendo las razones de sus malas decisiones y compartiendo esas lecciones con otros, cambió el discurso.

“La segunda vez que lo publiqué, todo el mundo estaba hablando de lo vulnerable y transparente que era”, dijo Kleinert cuando le hicieron una entrevista. “Creo que atrajimos el respeto de la gente”.

 

Desafortunadamente, tomar malas decisiones es parte de la vida: nadie tiene una tasa de éxito del 100%. Aun así, es difícil admitir nuestros errores, en una cultura que a menudo los oculta. Pero cuando lo haces, y trabajas para remediarlos rápida y honestamente, puedes mitigar el problema inicial y ganar el respeto duradero de tus compañeros y empleados.

 

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